Fundació Episteme

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Seguramente, se podía acusar a la LOMCE del ministro Wert de un detallismo excesivo en la formulación del currículo. Sin embargo, el remedio aplicado con la nueva ley, la LOMLOE, igual resulta peor que la enfermedad. Ha enmendado la deficiencia de su antecesora apostando por un nivel de abstracción que, en ocasiones, colisiona con la lógica epistemológica que sostiene las diferentes materias impartidas en la ESO.
Hay ideas que en lugar de operar como criterio regulador de las acciones orientadas hacia su realización, lo hacen de forma inversa, imponiéndose declarativamente sobre la realidad de acuerdo con sus propias exigencias, por más tozudamente que se les resista, constituyéndose dichas exigencias en el objetivo que desplaza a la idea que las legitimaba.
Plantear una contrarreforma muy seria con un bachillerato más largo y más riguroso. Enseñar lógica y razonamiento deductivo en secundaria introduciendo un poco de programación. Dotar de más profesores de Matemáticas a los centros educativos, donde cada vez escasean más. Optimizar los deberes que los alumnos se llevan a casa o reintroducir la memorización en esta asignatura son algunas de las propuestas lanzadas por Ricardo Moreno Castillo y Xavier Ros-Oton.
El impacto de las corrientes pedagógicas actuales afecta cada vez más a los contenidos. Tal es el caso de la asignatura de Matemáticas. El Ministerio de Educación ha decidido esta vez dotarlas de un enfoque socioemocional y dividirlas en seis sentidos. Para conocer las consecuencias educativas de esta medida, la Fundación Episteme ha querido conocer la opinión de dos expertos matemáticos: Ricardo Moreno Castillo y Xavier Ros-Oton.
Una de las precategorías subyacentes al discurso educativo hegemónico es la creencia en la idea rousseauniana según la cual el ser humano nace bueno, porque lo es por naturaleza, y la sociedad lo corrompe a medida que se va socializando según crece. Una «verdad» que dista mucho de haber sido contrastada, que carece de base científica y que los resultados de los experimentos llevados a cabo parecen más bien haber desmentido con rotundidad. Pero que sirve a su vez como pretexto a ciertas ingenierías sociales que, con finalidades muy distintas, se sirven de ella para perpetrar sus propios objetivos.
Recuerdo que durante los años de universidad la historia del éter me fascinaba. No solo por sus intríngulis, giros de guion y reminiscencias sobrenaturales, sino también porque revela algunos de los aspectos más ambiguos de la ciencia: la supervivencia durante siglos de modelos claramente insatisfactorios, el gusto por la redundancia, el predominio -más a menudo de lo que esperaríamos- de la teoría y la intuición sobre la evidencia empírica.

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